La individualidad es un concepto interesante, en especial en la sociedad de la que inevitablemente formamos parte hoy día. Si se ve la vida de un niño contemporáneo, desde niño se le impulsa a ser él mismo, a explotar sus cualidades deportivas, musicales, artísticas y cognitivas para resaltar, para ser el mejor y para no quedarse atrás en la carrera por la omnipotencia que resulta ser el aprente objetivo del mundo.
Cuando se llega a la adolescencia, y no sólo por ser la costumbre entre los pubertos el querer encajar y amoldarse a los más "populares" de su colegio, sino también porque el sistema educativo así lo procura con su visión de la inteligencia tan monopolarizada, la individualidad se pierde y todos intentan ser iguales. Sin embargo, puede que no sea así del todo. Sí se insta a los jóvenes a seguir explotando todas las habilidades que los distinguen de los demás, siempre y cuando esas habilidades les sean útiles en su futuro profesional; mas si alguna persona tiene una gran habilidad para el patinaje, o para la escultura, se le invita a practicarlo como hobbie, pero la idea de considerarlo una forma de vida es blasfema.
Entiendo las razones. Muy pocos pueden conseguir el dinero suficiente para vivir una vida estable si se dedican exclusivamente a patinar o a esculpir y, desafortunadamente, el dinero sí es necesario por más que alguien diga lo contrario, pero ¿quién dice que la vida profesional de una persona tiene que ser la única? Veamos por ejemplo a las personas que están en la cúspide de su ambito laboral. Yo les aseguro que, muchos sino todos, están viejos, cansados y no inspiran felicidad ni ganas de vivir. Entonces ¿por qué querríamos ser como ellos? No digo que haya que ser indigente ni vago, pero hay que buscar un balance. Hay en este mundo que encontrarle el sentido a la vida, hallar qué es lo que nos gusta hacer y lo que nos llena como personas y perseguirlo, no dejarlo botado jamás. Al lado, sin embargo, hay que pensar en una forma de conseguir el dinero suficiente para poder mantenerse mientras se es feliz.
En conclusión, en la vida no hay que dedicarse exclusivamente a trabajar porque, a menos que uno esté entre esos pocos que se vuelven cantantes, actores o escritores famosos y cuyo trabajo los hace profundamente felices a la ves que les da toneladas de dinero, la mayoría del resto de nosotros no va a sentir en el momento de morirse que porque logró sacarle el apéndice satisfactoriamente a alguien, porque ganó un caso en una corte o porque sirvió de arquitecto en un centro comercial, puede morirse en paz porque hizo todo lo que quiso hacer en su vida. Por lo tanto, encuentren el balance entre aquello que les da felicidad y lo que les da estabilidad, porque la una sin la otra no existe.
Buenas tardes y hasta luego.
P.d.: Empecé hablando de un tema y terminé con otro. ¿Metáfora de la vida?
P.p.d.: El capítulo 15 nunca fue publicado. No valió la pena hacerlo.
愚か者の天国
Hace 13 años.

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